• Texto original de NURIA PAREJO - Fundación COF

Perdón, por favor, gracias


A lo largo de nuestra vida hemos oído estas tres palabras “perdón, por favor, gracias”, pero ¿sabemos utilizarlas?, ¿sabemos darle su verdadero sentido dentro de la familia? En el encuentro de Familias que este verano ha tenido lugar en Dublín, el Papa Francisco hizo que todos los que estábamos allí repitiéramos estas palabras sintiéndonos a la vez personas, familia y comunidad. Nos pidió que no las olvidáramos en nuestro día a día, convirtiéndolas en esenciales en nuestro caminar diario tanto en la familia como en nuestra relación con los demás:

- ¿Cuántas veces hemos pedido perdón a lo largo de nuestra vida?, seguramente no podamos saber el número pero sí lo difícil que es hacerlo. El orgullo, la vergüenza… el negarnos a “dar nuestro brazo a torcer”, nos hace inamovibles en nuestras ideas, aun sabiendo que no tenemos la razón o que la tenemos pero la forma en la que nos hemos dirigido a la otra persona ha estado fuera de lugar.

En los matrimonios, en las familias, los enfados existen, pero no debemos permitir que ese sentimiento se imponga por encima de otro mucho más importante, nuestro deseo de reconciliación. Una caricia, una sonrisa cómplice, un abrazo inesperado permite que la palabra perdón se pueda leer en tus ojos. Nunca dejes de hacerlo con tu marido o mujer, con tus hijos, con tus padres, con tus amigos… “perdón, lo siento”.

- Decir por favor. Vivimos en una sociedad tan individualista que pedir las cosas “por favor” cada vez se hace más complicado. Es en las familias donde esta bella expresión debe volver a tomar todo su sentido. Recordar a nuestros hijos las “palabras mágicas” que les permite conseguir aquello que necesitan. Decir por favor no sólo es una formalidad, tiene mucho más sentido. Pedir por favor, es decir a la otra persona que es importante y, por tanto, le pides permiso para tomar una decisión, para hacer una acción, para compartir algo con ella…

- Dar las gracias. El matrimonio, y con él la familia, debe ser vivido como una relación sacramental y, por tanto, debe ir acompañado de un eterno sentimiento de gratitud. Un gracias dentro de la familia es una manera de decir te quiero. Es una manera de valorar lo que los demás miembros de la familia hacen por nosotros, ellos no esperan nada a cambio, no buscan un reconocimiento, pero la palabra “¡gracias!” alimentará la unión familiar. Es un guiño al hijo que recoge la mesa para que sus padres puedan hablar, a los padres que buscan siempre ese tiempo para estar con sus hijos, a esos abuelos que, incondicionalmente, están esperando a sus nietos en la puerta del colegio…, “Gracias”.

Que estas palabras formen parte de nuestras familias y que nos unan a todos los demás en comunión y como dijo el Papa Francisco el 25 de Agosto en Dublín “que la familia sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”,… repitamos de nuevo “perdón, por favor, gracias”.


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