Cuántas veces hemos pensado que yo hago muchas más cosas que los demás. En nuestro trabajo, en casa. Que mis contribuciones a un trabajo son mayores que las de mis compañeros, que mis contribuciones a las tareas y responsabilidades de la casa son mayores que las de mi cónyuge. Pero además, el otro o los otros dicen lo mismo que yo. ¿Cómo es esto posible si sólo existe una realidad y YO la veo claramente?

Esto es debido a la economía en los procesos cognitivos y conductuales, lo que es lo mismo, que somos vagos por naturaleza. Nuestra mente, para ahorrar tiempo y energía sigue una serie sesgos que nos permiten sacar conclusiones más rápidamente  pero a costa de aumentar la probabilidad de cometer errores. Uno de estos sesgos es el de “disponibilidad”. Este sesgo nos hace pensar que un suceso ocurre con mayor frecuencia si nos es fácil recordar ejemplos de dicho suceso, o que hacemos nuestros juicios en función del dato más reciente que tenemos en nuestra memoria. Por ejemplo, si ahora nos preguntaran si hay mucho o poco acoso sexual en Hollywood, seguramente todos pensaremos que hay mucho ya que debido a que durante este tiempo hemos estado expuesto a una gran cantidad de noticias sobre casos de acoso sexual en Hollywood podemos recordarlo con mucha facilidad. O si un amigo tuyo te ha comentado los quebraderos de cabeza que le está dando el móvil de cierta marca. Si te preguntan días después cual es para ti el móvil  menos fiable, probablemente dirás el de la marca de tu amigo ya que es el dato más reciente que tienes.

 

Por lo tanto, ser consciente de nuestros sesgos nos puede ayudar en nuestro matrimonio. En un experimento clásico sobre el sesgo de disponibilidad en el matrimonio, se les preguntó a una serie de matrimonios  “¿Cuál ha sido su contribución personal, expresada en porcentajes, a mantener las cosas ordenadas?”, también tuvieron que contestar a otra serie de preguntas tales como “sacar la basura”, “lavar los platos” “hacer la compra”, etc. El resultado fue que la suma de las contribuciones fue mayor del 100%, por ejemplo, en “hacer la compra” un cónyuge estimó su contribución en un 70% y el otro en un 50%, resultando un 120%. Esto es debido a que cada cónyuge recuerda mejor sus propias contribuciones y esfuerzos que los de su pareja.

 

Lo interesante de esta situación es que este sesgo no es intencionado, no existe una voluntariedad de minimizar el esfuerzo del otro o de atribuirse un mérito que a lo mejor no se merece. Para contrarrestar este sesgo es necesario poner en juicio nuestras impresiones e intuiciones, pero eso implica dedicar recursos de tiempo y esfuerzo. Como nuestro tiempo y recursos son limitados tenemos que decidir a que los dedicamos y casi siempre no los usamos en aquello que puede hacer que nuestro matrimonio funciones mejor. La cuestión de cómo reparto mi tiempo daría para otro artículo, pero para el tema que tratamos hoy, no hay mejor tiempo invertido que el que podemos dedicar a contrarrestar este sesgo y con ello evito conflictos innecesarios que pueden ir dañando poco a poco el matrimonio.

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